Reflexión después de una semana de comilonas

Domingo por la noche, me dispongo a ver uno o dos capítulos de alguna serie en Netflix y no puedo evitar el pensar en el hecho que he pasado por varias comidas laborales, comilonas empresariales y de fin de año. Todas ellas ocasiones especiales, mucha alegría, mucha amistad, mucho brindis, mucho convite…. sin embargo, el resto del año las mismas personas que brindan y saludan  a todo mundo y se la pasan felices y contentos… resulta que te ignoran, pasan de ti o de plano ponen mala cara.

¿De dónde sale esta bonita costumbre de malvibrar durante todo un año y en las tres  cuatro horas que dura la comida “de la empresa” fingir que todos somos amiguitos?

No lo se y que mas da. Al final, lo que importa es asistir y degustar los manjares que se ofrecen (casi todos, me han tocado unas comidas laborales muy pinchurrientas) y desquitar un poco ya que aunque la comida la pague “la empresa”, el dinero sale en parte de mi trabajo y el de mis compañeros.

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